03.04.2026

423.000 aplicaciones con receta: el mercado de las DiGA crece, pero no todos los proveedores sobreviven

4 min de lectura

423.000 recetas en un año, un volumen de mercado de 152 millones de euros y 59 aplicaciones aprobadas en el catálogo del BfArM: el mercado de las aplicaciones digitales para la salud (DiGA) en Alemania está creciendo. Al mismo tiempo, ya se han retirado diez aplicaciones digitales para la salud; cuatro de ellas por razones económicas. Las aplicaciones con receta no son un producto que se venda por sí solo. Un análisis entre auge y reestructuración.

Lo más importante

  • 423.000 recetas de DiGA en 2024: un aumento del 85 % respecto al año anterior. El 32 % de las consultas médicas prescriben actualmente aplicaciones digitales para la salud (McKinsey eHealth Monitor, 2025).
  • 59 DiGA en el catálogo del BfArM: 41 listadas de forma permanente y 18 para su evaluación. Sin embargo, ya se han retirado 10 DiGA, cuatro de ellas a petición del fabricante por razones económicas.
  • Volumen de mercado de 152 millones de euros: con un precio medio de 361 euros por receta de DiGA. Los precios están bajando, mientras que el volumen aumenta lentamente (McKinsey, 2025).
  • Receta electrónica a partir de 2026: la transición a la eVO (receta electrónica) pretende simplificar el proceso de prescripción y aumentar la aceptación entre los médicos.
  • No todos los modelos de negocio son sostenibles: la combinación de un número limitado de pacientes, precios decrecientes y altos costes de desarrollo hace que el mercado de las DiGA sea arriesgado para las startups.

De cero a 423.000: la evolución de las DiGA en cifras

Cuando Alemania creó, en 2020, como primer país del mundo una vía de reembolso para aplicaciones digitales para la salud con receta, se consideró una iniciativa pionera. Cinco años después, las cifras demuestran que este modelo funciona, aunque más lentamente de lo esperado.

423.000
Recetas de DiGA en 2024 (+85 % respecto a 2023)
Fuente: McKinsey eHealth Monitor, diciembre de 2025

El McKinsey eHealth Monitor 2025 documenta un aumento notable: 423.000 recetas en 2024, un incremento del 85 % respecto al año anterior. El 32 % de las consultas médicas ha prescrito al menos una vez una DiGA, frente al 26 % del año anterior. El volumen de mercado ascendió a unos 152 millones de euros, con un precio medio de 361 euros por receta.

Estas cifras resultan alentadoras, pero es fundamental tener en cuenta el contexto: con más de 73 millones de personas aseguradas en el sistema público de salud alemán, las 423.000 recetas representan una tasa inferior al 0,6 %. Hasta ahora, las DiGA alcanzan principalmente a pacientes jóvenes y digitalmente competentes en centros urbanos. En zonas rurales y entre pacientes mayores, la penetración es claramente menor.

59 aplicaciones, 10 retiradas: el mercado se reestructura

Actualmente, el catálogo del BfArM incluye 59 DiGA: 41 listadas de forma permanente y 18 para su evaluación. Las indicaciones más frecuentes son los trastornos psíquicos (depresión, trastornos de ansiedad, trastornos del sueño), el dolor y la diabetes. Esto refleja el enfoque del mercado: enfermedades crónicas con un elevado número de pacientes y resultados medibles.

Al mismo tiempo, ya se han retirado diez DiGA del catálogo. Cuatro fabricantes han retirado voluntariamente sus aplicaciones – no porque estas no funcionaran, sino porque su modelo de negocio no era sostenible – . Las otras seis fracasaron al cumplir los requisitos de evidencia: no lograron demostrar, durante la fase de evaluación, el efecto positivo exigido sobre la atención sanitaria.

Para el mercado, esta reestructuración no es señal de debilidad, sino de madurez. El procedimiento del BfArM actúa como filtro: quien, tras un año de evaluación, no puede probar un beneficio mensurable, queda excluido. Esto protege al sistema frente a aprovechadores y fortalece, a largo plazo, la credibilidad de las DiGA que permanecen en el catálogo.

«La DiGA no es una panacea, pero sí es una herramienta eficaz – siempre que la indicación sea adecuada y la evidencia sea sólida.» – Información técnica del BfArM sobre la evaluación de DiGA (2025)

Por qué los médicos dudan – y qué va a cambiar

A pesar del crecimiento, la reticencia médica sigue siendo un cuello de botella. El 68 % de las consultas aún no ha prescrito nunca una DiGA. Las razones son prácticas: hasta ahora, el proceso de prescripción ha sido engorroso (formulario en papel, introducción manual en el sistema de gestión de la consulta), la base de evidencia para cada DiGA suele ser poco clara y el tiempo necesario para asesorar a los pacientes es elevado.

A partir de 2026, la receta electrónica (eVO) para DiGA simplificará dicho proceso. En lugar del recetario en papel y la introducción manual, la DiGA se prescribirá directamente mediante el sistema de gestión de la consulta – de forma similar a la receta electrónica para medicamentos – . La segunda ordenanza modificatoria de la DiGAV, en vigor desde febrero de 2026, especifica además los requisitos de evidencia y ofrece a los fabricantes orientaciones más claras sobre los estudios necesarios.

Para la aceptación, al menos tan importante es que las sociedades científicas comiencen a incorporar DiGA concretas en sus guías clínicas. Si un médico lee en la guía S3 para depresión que la DiGA X se recomienda como complemento a la psicoterapia, la barrera para su prescripción disminuye notablemente. Este proceso ya ha comenzado, pero dista mucho de estar concluido.

Modelo de negocio bajo presión: lo que deben saber los proveedores de DiGA

Un precio medio de 361 euros por receta suena atractivo, pero los cálculos son complejos. Los costes de desarrollo de una DiGA suelen oscilar entre 1 y 3 millones de euros (incluidos el estudio clínico, la autorización del BfArM y la infraestructura). El periodo de inclusión provisional dura 12 meses: si no se demuestra el efecto sobre la atención sanitaria antes de ese plazo, la aplicación se retira del catálogo.

Los precios están bajo presión: tras la fase provisional, las mutuas negocian precios individuales, que normalmente se sitúan claramente por debajo del precio inicial de lanzamiento. Para los fabricantes con una indicación amplia (depresión, diabetes), el volumen puede compensar los márgenes decrecientes. Para los proveedores especializados con un grupo objetivo reducido, los cálculos se vuelven rápidamente ajustados.

Para los proveedores de servicios informáticos y las empresas sanitarias del sector medio, surge la pregunta estratégica: ¿merece la pena desarrollar una DiGA propia? La respuesta depende de la indicación, de la base de datos disponible y de la disposición a invertir entre 12 y 24 meses sin ingresos. Alternativas son desempeñar el papel de socio tecnológico para fabricantes de DiGA (backend, infraestructura en la nube, seguridad de los datos) o integrar DiGA existentes en plataformas propias de prestación de servicios sanitarios.

Perspectiva internacional: Alemania como pionera y laboratorio de pruebas

Alemania es el primer país del mundo con una vía regular de reembolso para aplicaciones digitales para la salud. Esto convierte al mercado alemán de DiGA en un modelo de referencia: Bélgica, Francia y Corea del Sur observan atentamente este modelo. Varios países europeos están trabajando en versiones propias, aprovechando tanto las experiencias positivas como las negativas alemanas.

Para los fabricantes de DiGA con ambiciones internacionales, esto significa que una inclusión exitosa en el catálogo del BfArM no solo supone un acceso al mercado alemán, sino también una marca de calidad que facilita la entrada en otros mercados. Los requisitos de evidencia del BfArM son más estrictos que los de la mayoría de los demás países. Quien los cumpla, obtiene una ventaja competitiva.

Al mismo tiempo, empieza a perfilarse que el Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EHDS) transformará el panorama de las DiGA. Cuando, a partir de 2029, los datos sanitarios sean accesibles transfronterizamente, las DiGA podrán fundamentar sus pruebas de eficacia sobre una base de datos más amplia. Y los proveedores de DiGA podrían ofrecer sus aplicaciones en toda la UE, sin necesidad de someterse a un procedimiento de autorización independiente en cada país.

En 2026, el mercado de las DiGA se encuentra en un punto de inflexión. Ha pasado la primera ola de euforia, avanza la reestructuración y se fortalece la base de evidencia. Lo que perdura son las aplicaciones capaces de demostrar un beneficio clínico real – y las empresas que han construido detrás un modelo de negocio sostenible. Para el sector medio, la oportunidad radica menos en el desarrollo propio de DiGA que en la infraestructura: servicios en la nube, seguridad de los datos, integración con sistemas de información hospitalaria (KIS) y servicios de asesoramiento regulatorio (Regulatory Affairs) para startups de DiGA, que precisamente deben adquirir estas competencias externamente.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas DiGA hay actualmente en Alemania?

Actualmente, el catálogo del BfArM incluye 59 DiGA: 41 listadas de forma permanente y 18 para su evaluación. Las indicaciones más frecuentes son los trastornos psíquicos, el dolor y la diabetes. Ya se han retirado diez DiGA.

¿Cuál es el precio medio de una DiGA?

El precio medio fue de 361 euros por receta en 2024. Tras la fase de inclusión provisional, las mutuas negocian precios individuales, que normalmente se sitúan por debajo del precio inicial de lanzamiento. El volumen total del mercado ascendió a unos 152 millones de euros en 2024.

¿Por qué se han retirado DiGA del catálogo?

De las diez DiGA retiradas, cuatro fabricantes retiraron voluntariamente sus aplicaciones porque su modelo de negocio no era sostenible. Las otras seis no lograron demostrar, durante la fase de evaluación, el efecto positivo exigido sobre la atención sanitaria.

¿Qué cambia con la receta electrónica en 2026?

La eVO pretende digitalizar el proceso de prescripción de DiGA: en lugar del recetario en papel y la introducción manual, la DiGA se prescribirá directamente mediante el sistema de gestión de la consulta. Esto debería reducir la barrera para los médicos y simplificar el proceso para los pacientes.

Fuente de la imagen del titular: Pexels / Tima Miroshnichenko (px:6010865)

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